No cabe duda que esta ruta es mucho menos conocida que la famosa 66 en Estados-Unidos, pero la « Ruta 7 » argentina vale la pena de un viaje.
Esa cinta de asfalta de 1224 kilómetros sale de las orillas del Río de la Plata para ir hasta la Cordillera de los Andes. Cruzando así de este a oeste las provincias de Buenos Aires, Córdoba, San Luis y Mendoza (Cuyo), revela la diversidad de los paisajes naturales que participan del encanto de este fascinante país.
Acá no vamos a recorrer sino les 220 kilómetros finales de la ruta, entre Mendoza y Las Cuevas, donde se encuentra el túnel del “Cristo Redentor”, última etapa del viaje. Pasando por las opulentas propiedades vitícolas de Maipú, entramos en el valle del Río Mendoza y sus paisajes desérticos. Primera parada: el embalse de Potrerillos. Nos paramos a desayunar en Uspallata, oasis de álamos en medio de un decorado más bien mineral, a 2039 metros de altitud. 165 kilómetros más allá de Mendoza, y a 2580 metros de altitud, descubrimos el sitio de “Los Penitentes”, que llamaron así por la forma de las rocas, que se parecen a frailes.
Parada imprescindible en “Puente del Inca”, puente natural formado por la acumulación de nieve y pedregal solidificados por el hierro y el azufre del “Río de las Cuevas”. Este sitio se merecería más tiempo para estudiar mejor su historia y sus leyendas, pero ya tenemos que seguir nuestro viaje.
Puente del Inca
Antes de llegar a nuestra meta final, hacemos una pausa algo “ventosa” al pie de la cumbre de las Américas: el Aconcagua que vigila desde sus 6960 metros de altura la reserva natural epónima.
Nieve en el Aconcagua
Al salir del pequeño pueblo de Las Cuevas, dejamos la Ruta 7 que continúa por el túnel que une desde 1980 Argentina y Chile. Vamos rumbo al Paso de La Cumbre, punto más alto de la antigua carretera entre Mendoza y Santiago de Chile. Esta pista de tierra que serpentea sobre una decena de kilómetros nos permite subir hasta el mirador del Cristo Redentor (3854 m.), etapa final de nuestra excursión.
Ese magnífico entorno natural de las altas Andes fue el teatro, el 13 de marzo de 1904, de la inauguración de la estatua del “Cristo Redentor de los Andes”. Un monumento clave de la historia tumultuosa de las relaciones diplomáticas entre los dos países vecinos.
El Cristo Redentor
Las dos naciones se enfrentaban desde finales del siglo XIX, en torno al problema del trazado de la frontera. Solicitaron la intermediación del Rey de Inglaterra, Eduardo VII, y este puso un punto final al desacuerdo, evitando una guerra que parecía inevitable (Fueron los ingleses quienes fijaron la frontera entre los dos países en noviembre de 1902. Pero argentinos y chilenos firmaron un tratado de paz unos meses antes, los “pactos de mayo”).
Es para recordar el mensaje de paz del Papa León XIII que el obispo de Cuyo, Marcelino del Carmen Benavente, mandó a construir una estatua de bronce de 7 metros de altura, encomendando el trabajo al escultor Mateo Alonso. La hermana de un general argentino, Angela Oliveira Cezar, quien formaba parte de la asociación suramericana por la paz universal y era amiga del presidente argentino Julio A. Roca (segundo mandato entre 1898 y 1904), sugirió levantar la estatua en tanto símbolo de paz en el Paso de La Cumbre, lugar por donde había pasado José de San Martín con sus tropas en 1817 para liberar a Chile.
Expuesta durante un breve periodo en el patio de la escuela Lacordaire en Buenos Aires, la estatua viajó luego por tren, sobre 1200 kilómetros, antes de verse desmontada en varios trozos para terminar el viaje transportada por mulas. La levantaron sobre un pedestal de hormigón y acero laminado de 6 metros de altura diseñado por el ingeniero Juan Molina Civit, a partir de los esbozos del escultor. El trabajo lo dirigió el ingeniero Conti.
Dos veces nominaron a Angela Oliveira Cezar para recibir el premio Nobel de la Paz, pero sin éxito. Sin embargo su obra siempre quedará como un testimonio de lo que se volvió con el tiempo un verdadero símbolo de esta zona andina.
Sans doute moins connue que la célèbre route 66 aux Etats Unis, la «Ruta 7» en Argentine, mérite à elle seule qu’on lui consacre un voyage.
Ce ruban d’asphalte de 1224 km conduit le voyageur des rives du Rio de la Plata à la Cordillière des Andes. En traversant ainsi d’est en ouest les provinces de Buenos Aires, Cordoba, San Luis et Mendoza, il découvre la diversité des espaces naturels qui constituent le véritable attrait de ce fascinant pays.
De ce voyage, nous ne parcourrons que les 220 derniers kilomètres, de Mendoza à Las Cuevas, où se situe l’entrée du tunnel du «Christ Rédempteur», terminus de la «Ruta7». Laissant derrière nous les riches propriétés viticoles de Maipú, nous nous engageons dans la vallée du Rio Mendoza et ses paysages désertiques ; premier arrêt : le lac de barrage de Potrerillos. Pause petit déjeuner à Uspallata, oasis de peupliers dans ce décor minéral, nichée à 2 039 m d’altitude. A 165 km à l’ouest de Mendoza et à 2580 m d’altitude, découverte du site de « Los Penitentes », ainsi nommé à cause de ses pitons rocheux ressemblant à des moines.
Arrêt obligatoire à «Puente del Inca», pont naturel, résultat de l’amoncellement de neige et d’éboulis solidifié par les dépôts de fer et de soufre du «Rio Las Cuevas». Ce site, pour son histoire et sa légende, mériterait sans doute qu’on lui accorde un peu plus que ces quelques lignes d’un voyageur pressé.
Puente del Inca
Avant d’atteindre notre destination finale, pause ébouriffante au pied du «toit des Amériques», l’Aconcagua, qui domine de ses 6960 m, la réserve naturelle éponyme.
Neiges sur l’Aconcagua
A la sortie de la petite ville de Las Cuevas, nous quittons la «Ruta 7» qui s’engouffre dans le tunnel qui relie, depuis 1980, l’Argentine et le Chili ; direction le col de la Cumbre, point culminant de la vieille route Mendoza/Santiago du Chili. Cette piste en terre qui serpente sur une dizaine de kilomètres nous permet d’atteindre à 3 854 m, le «Mirador del Cristo Redentor», terme de notre périple du jour.
C’est dans ce magnifique écrin naturel des hautes Andes que fut inaugurée le 13 mars 1904, la statue du «Christ Rédempteur des Andes». Ce monument s’inscrit dans l’histoire tumultueuse entre les «deux sœurs ennemies d’Amérique du Sud».
El Cristo Redentor
Les deux nations s’affrontant depuis la fin du 19ème siècle à propos du tracé de leur frontière commune, l’arbitrage du roi Edouard VII d’Angleterre fut sollicité et il mit fin au désaccord évitant une guerre qui semblait inéluctable (Le soin fut laissé à la Couronne britannique de fixer la frontière entre les deux pays. (Pactos de Mayo, accords de paix signés en mai 1902, l’arbitrage anglais intervenant en novembre de la même année).
Pour rappeler le message de paix du pape León XIII, une statue du Christ Rédempteur en bronze haute de 7 mètres fut commandée par l’Evêque de Cuyo, Monseigneur Marcelino del Carmen Benavente, au sculpteur Mateo Alonso. La sœur d’un général argentin, Angela Oliveira Cézar, membre de l’association sud américaine de la paix universelle et proche du président argentin de l’époque, Julio Argentino Roca (2ème mandat de 1898 à 1904), suggéra d’ériger la statue comme symbole de paix au col de la Cumbre qu’avaient franchi José de San Martín et ses troupes en 1817, pour aller libérer le Chili.
Provisoirement exposée dans la cour de l’école Lacordaire à Buenos Aires, la statue fut transportée sur 1200 km par voie ferroviaire, puis démontée en plusieurs morceaux pour être acheminée à dos d’âne. Elle fut érigée sur un piédestal en béton et acier laminé de 6 mètres de haut dessiné par l’ingénieur Juan Molina Civit, d’après les croquis du sculpteur, puis érigé sous la direction de l’ingénieur Conti.
Deux fois proposée pour recevoir le Prix Nobel de la paix, Angela Oliveira Cézar ne fut cependant pas retenue. Mais son action aura laissé après elle ce qui est devenu, avec le temps, une véritable icône de cette région andine.
Aficionado al vino, no podía imaginar otro viaje a Argentina sin pasar por una de sus capitales mundiales: Mendoza y su famoso Malbec, cepa de origen francesa ya que la importaron de la región de Cahors, en el suroeste de este país.
Si el Malbec, que también se llama “Côt” es muy emblemático de Argentina (Una cuarta parte de la uva producida en este país es de esta cepa), su producción se concentra en la provincia de Mendoza (85 por ciento de la superficie total plantada), sea vinificado sólo o mesclado con otros. Se puede encontrar viñas de 80 años todavía sin trasplante.
En Mendoza cultivan también un gran abanico de cepas francesas tanto de tinto (Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot, Pinot noir) como de blanco (Chardonnay, Chenin, Sauvignon, Sémillon, así como el Ugni blanc, cepa que se utiliza en Francia por ejemplo para elaborar el Cognac o el Armagnac).
Viñas en Maipú – 2020
Se puede encontrar también unas cepas criollas, resultando de mezclas con cepas importadas, Argentina siendo uno de los pocos países del mundo produciendo vino con esas cepas.
Cuesta trabajo creer que esta ciudad se halla en medio del desierto, al ver sus largas avenidas arboladas y las numerosas fuentes de sus plazas: la llamada “Ciudad-bosque” y sus 50 000 árboles tiene muchos recursos para seducir el visitante.
Mendoza : Plaza Independencia – 2020
La viticultura remonta al siglo XVI cuando los jesuitas trajeron las primeras cepas y las plantaron en torno a sus monasterios, para producir el vino de misa.
Luego la actividad se desarrolló siguiendo las olas de inmigración sucesivas: los nuevos viticultores, al traer su experiencia y sus conocimientos, hicieron de Mendoza la más importante y antigua zona de producción de vino en Argentina.
En 1853, Domingo Faustino Sarmiento, futuro presidente de la República argentina (1868–1874), dio el consejo al entonces gobernador de Mendoza, Pedro Pascual Segura, de contratar a un agrónomo francés que había conocido en Chile, un tal Michel Aimé Pouget, para desarrollar el sector de la viña.
Este importó a Mendoza los primeros cepos de Malbec y los métodos franceses para convertirlo en una industria moderna.
No eligieron la provincia de Mendoza al azar: su topografía, su geología y su clima son ideales.
Un punto clave del éxito de la viticultura mendocina reside en el manejo bien controlado del sistema de riego. La Cordillera formando un obstáculo a las lluvias del Pacífico, esta región muy árida no puede contar sino con el agua del deshielo de la primavera para alimentar las acequias.
Se aprovecha también de la amplitud térmica de estas zonas de desierto: el calor del día favorece la producción de azúcar natural, la frescura de las noches garantiza un buen nivel de acidez, y la escasa tasa de humedad protege de los hongos e insectos dañinos.
Para conocer a los productos locales, optamos por la propuesta de excursión de una agencia de turismo. Nos llevan hasta el pueblo de Maipú, poco más de diez kilómetros al sudeste de Mendoza.
El programa incluye la visita de tres bodegas y, buena sorpresa, de una fábrica de aceite de oliva y de vinagre.
La visita de las dos primeras bodegas se parece a una carga de caballería: paseo relámpago por las viñas y las bodegas, cata también relámpago de tres vinos distintos, darse prisa por favor, hay otros autobuses llegando. Parece algo rápido para catar correctamente los productos locales, pero resulta suficiente para encontrar una encantadora pareja de Rosarinos y compartir nuestros conocimientos vitícolas respectivos. ¿Qué podría ser mejor que un buen vaso de vino para romper el hielo?
La tercera bodega se diferencia de las dos primeras en cuanto a los productos propuestos.
Esta bodega, fundada en 1912 por un inmigrante italiano, Antonio Florio, se especializó en la producción de “vinos varietales”, como el “Chianti”, de “vinos generosos” como el Marsala, el Oporto o el Moscato, así como “vinos espumantes”.
Esta fábrica de aceite de oliva, fundada en 1906 por Francisco Laur, inmigrado francés venido a buscar fortuna en “La Cruz de piedra” en Maipú, se volvió la primera empresa argentina de fabricación de aceite, y ocupa desde 2019 el cuarto puesto en la clasificación mundial de los mejores productores.
Fábrica de aceite Laur – 2020
La familia Millán compró la empresa en 2010, y empezó en seguida a producir vinagre balsámico tradicional, lo que nos sorprendió bastante ya que se trata de un producto protegido por certificado de origen, estrictamente reservado a fábricas halladas en las regiones de Módena y Reggio Emilia.
Sin embargo nos explican que fuera de Europa, tres empresas, en Toronto, Tokio y, pues, Mendoza, son certificadas por el “Consorzio Tutela del Aceto Balsamico di Modena” que garantiza la calidad del producto, los métodos y procesos específicos de producción empleados, y así tienen permiso para producir ese vinagre.
La visita empieza por la plantación de olivos, hoy en día más que centenaria, y luego visitamos la fábrica, muy moderna. Visitamos también el museo donde se pueden ver las distintas maquinas utilizadas a lo largo de la historia de la fábrica.
Terminamos por la visita de las bodegas donde envejecen el vinagre elaborado siguiendo un proceso muy antiguo inventado en Módena.
Ese proceso empieza por la producción de un mosto de uva cocida (en este caso Ugni blanc), seguida por el envejecimiento en una serie de cinco barriles de madera de distintas tamaños y esencias (Roble, castaño, cerezo, fresno y acacia) los cuales favorecen la evaporación.
Fábrica Millán : prensas – 2020
Cada año sustituyen la parte evaporada del barril siguiente por una parte del contenido del barril anterior. Llenan el primero barril con mosto cocido.
Se necesita 15 años para envejecer el vinagre, por eso se tendrá que esperar hasta 2029 para que la Aceitaia Millán se vuelva la primera empresa del hemisferio sur produciendo vinagre balsámico “IGP”.
Mendoza ya es una ciudad muy famosa en el mundo entero por sus vinos, pero no deja de sorprender el visitante. No es una “Ciudad oasis” como la llaman algunos. Pero es una ciudad muy verde en medio del desierto que rodea los Andes, y con una historia enriquecida por todos los que se instalaron.
Antes de la llegada del fundador de la ciudad, un tal Pedro del Castillo, el sitio lo ocupaban pueblos indios como los “Huarpes”, quienes crearon el sistema de acequias que permitió transformar esta zona de desierto en ciudad verde, un sistema todavía en uso hoy en día para el desarrollo de la actividad principal de Mendoza.
La base urbanística de la ciudad actual la creó el arquitecto francés Julio Ballofet en 1863, para reconstruir – unos kilómetros más lejos – la ciudad destruida por el terremoto de 1861.
Así es como, a lo largo de su historia, unos franceses dejaron su huella y contribuyeron a la fama de una ciudad que es ahora la cuarta ciudad más importante de Argentina.
Très amateur de vin, je ne pouvais pas imaginer ce nouveau voyage en Argentine, sans me rendre dans l’une de ses capitales mondiales : Mendoza et son célèbre malbec, cépage importé de France (région de Cahors).
Si le malbec, également dénommé «côt», est devenu emblématique de l’Argentine, (1/4 des raisins produits dans le pays proviennent de ce cépage), il est essentiellement concentré dans la province de Mendoza (85% des surfaces plantées), vinifié seul ou en assemblage. On y trouve encore des vignes de 80 ans qui n’ont jamais été greffées.
On y cultive aussi un large éventail d’autres cépages français aussi bien en rouge (le cabernet sauvignon, la syrah, le merlot, le pinot noir), qu’en blanc (le chardonnay, le chenin, le sauvignon, le sémillon, ainsi que l’ugni blanc, cépage utilisé en France notamment pour l’élaboration du cognac et de armagnac).
Vignes à Maipú – 2020
On y trouve encore quelques cépages « créoles » issus du croisement de cépages importés, l’Argentine étant un des rares pays au monde à élaborer du vin à partir de ces cépages.
Difficile de croire que cette ville se trouve en plein désert, avec ses larges avenues arborées et les nombreuses fontaines qui ornent ses places : Mendoza la bien nommée «ville forêt» et ses cinquante mille arbres, a beaucoup d’atouts pour séduire.
Mendoza : Plaza Independencia – 2020
La viticulture remonte ici au XVIème siècle avec l’arrivée des jésuites qui ont ramené et planté, autour de leurs monastères, des pieds de vigne pour produire leur vin de messe.
L’activité viticole s’est ensuite développée au gré des vagues d’immigration européenne successives, qui en apportant leur savoir-faire, ont fait de la province de Mendoza la plus importante et la plus ancienne région viticole d’Argentine.
En 1853, Domingo Faustino Sarmiento, futur président de la République (1868–1874), conseille au gouverneur de Mendoza, Pedro Pascal Segura, d’engager un agronome français qu’il a rencontré au Chili, Michel Aimé Pouget, pour développer le vignoble.
Celui-ci importe à Mendoza les premiers plants de malbec et les méthodes de son pays natal pour en faire une industrie moderne.
La région de Mendoza n’a pas été choisie au hasard : sa topographie, sa géologie et son climat en font un lieu idéal.
L’une des clés de la réussite de sa viticulture réside dans la maîtrise de l’irrigation : en l’absence des pluies bloquées par la Cordillère des Andes, c’est la fonte des neiges des montagnes andines qui alimente les canaux d’irrigation dont bénéficie la vigne.
Elle profite également de l’importance des écarts de température de ces zones désertiques : la chaleur des journées favorise la production de sucre, la fraicheur des nuits garantit un bon niveau d’acidité, le faible taux d’humidité protège des champignons et insectes nuisibles.
Pour faire connaissance avec les productions locales, nous optons pour une demi-journée d’excursion proposée par une agence de tourisme : direction Maipú, une petite dizaine de kilomètres au sud-est de Mendoza.
Au programme, visite de trois propriétés viticoles, et, surprise, d’une fabrique d’huile d’olive et de vinaigre.
La visite des deux premières «bodegas» est bien rodée : découverte au pas de charge de parcelles de vignes et des chais, dégustation au même rythme de trois sortes de vins. On n’est pas là pour trainasser : les cars succèdent aux cars ! C’est un peu rapide pour avoir le temps de bien déguster les produits locaux, assez cependant pour faire connaissance avec un charmant couple de touristes «Rosarinos» (De Rosario, en Argentine), et échanger nos connaissances vinicoles respectives ! Quoi de mieux qu’un verre de bon vin pour briser la glace ?
La troisième propriété visitée se démarque des deux premières par l’originalité de ses productions.
Cette «bodega», fondée en 1912 par un immigré italien, Antonio Florio, s’est spécialisée dans la production de «vins italiens» à partir de cépages tels que le Chianti, de «vins fortifiés» tels que le Marsala, le Porto, le Moscato, ainsi que des «vins effervescents».
Cette fabrique d’huile d’olive, fondée en 1906 par Francisco Laur, immigré français venu faire fortune à la «Cruz de Piedra» à Maipú, est devenue la 1ère entreprise d’oléiculture d’Argentine, et occupe depuis 2019, le 4ème rang du classement mondial des meilleurs oléiculteurs.
Fabrique d’huile Laur – 2020
Rachetée en 2010 par la famille Millán, l’entreprise s’est lancée, en 2013, dans la fabrication du vinaigre balsamique traditionnel, ce qui n’a pas manqué de piquer notre curiosité puisque ce produit bénéficie d’une appellation contrôlée historiquement réservée aux provinces de Modène et de Reggio Emilia !
Toutefois, nous apprenons qu’en dehors de l’Europe, trois entreprises, sises à Toronto, Tokyo et donc Mendoza, sont certifiées par le «Consorzio Tutela del Aceto Balsamico di Modena», garant de la qualité des produits, des méthodes et procédures de fabrication spécifiques, et sont autorisées à produire ce vinaigre.
La visite commence par l’oliveraie, aujourd’hui plus que centenaire, puis par celle de la fabrique, à la pointe des méthodes modernes de production. Nous découvrons également le musée où sont exposées les différentes machines utilisées à travers les âges.
Nous terminons par la découverte des chais de vieillissement du vinaigre élaboré selon un procédé ancestral développé à Modène.
Tout commence par la production d’un moût de raisin cuit (ici de l’Ugni Blanc) qui passe ensuite par un processus de vieillissement dans une batterie de cinq fûts en bois de tailles et d’essences différentes (chêne, châtaignier, cerisier, frêne et acacia) et permettant l’évaporation.
Huilerie Millán : presses – 2020
Chaque année, la partie évaporée est remplacée par une partie du contenu du fût immédiatement précédent ; le dernier par du nouveau moût cuit.
La durée de vieillissement étant d’au minimum 15 ans, ce n’est donc qu’en 2029 que l’Acetaia Millán deviendra la 1ère entreprise de l’hémisphère sud à embouteiller du vinaigre balsamique «IGP».
Si elle est connue du monde entier pour ses vignobles et la qualité de ses grands crus, Mendoza est une ville surprenante. Elle n’est pas la ville oasis que certains y voient. C’est une ville verdoyante au cœur du désert qui entoure les Andes, riche de son histoire et de l’apport de ceux qui s’y sont installés.
Avant d’être créé en 1561 par un dénommé Pedro del Castillo, le site était occupé par des tribus indigènes dont les «Huarpes» à qui l’on doit ce système d’irrigation appelé «acequias» qui a permis de transformer cette zone désertique en cité verdoyante, système d’irrigation toujours utilisé aujourd’hui pour l’activité phare de la Province de Mendoza.
La base urbanistique de la ville actuelle fut créée en 1863 par le français Jules Ballofet, chargé de reconstruire, un peu plus loin du site originel, la ville rasée par le violent séisme de 1861.
Ainsi, tout au long de son histoire, on y retrouve l’empreinte de nombreux français qui ont contribué à la construction et à la réputation de ce qui est aujourd’hui la 4ème ville d’Argentine.
Mendoza : parc du “Museo del área fundacional » (Musée archéologique de la ville) – 2020
En pleine déconfiture économique, la junte militaire choisit de placer le général Leopoldo Galtieri à la tête de l’état argentin, en lieu et place de Roberto Viola.
La crise aiguë que vit le pays commence à rompre les digues de la peur vis-à-vis de la répression. Le 30 mars 1982 a même lieu ce qu’on ne pensait plus possible sous le joug militaire : une manifestation ouvrière monstre, défilant au cri de «Paix, pain et travail». L’étau qu’avait réussi à serrer la dictature autour de la société argentine commence à donner des signes de relâchement.
Alors, quelle meilleure recette, pour resserrer à nouveau les liens distendus avec le peuple, que de faire jouer la corde nationaliste ? Depuis 150 ans, face à la Patagonie, les Anglais occupent illégalement, selon les Argentins, des îles qui appartiennent de droit à l’Argentine, d’après un accord signé en 1790 ! Par ailleurs, pensent-ils, en Europe la première ministre Margaret Thatcher a d’autres chats à fouetter que la défense d’un caillou incultivable : elle est contestée jusque dans son propre parti.
C’est le moment ou jamais, se dit Galtieri, de tenter quelque chose. Le 2 avril, les forces argentines débarquent sur les îles et réduisent rapidement la mince garde anglaise chargée de les défendre. L’hôtel du gouvernement tombe aux mains des Argentins, presque sans effusion de sang : il y aura un mort.
La manœuvre de la dictature fonctionne au-delà de ses espérances : enthousiaste, le peuple argentin dans sa grande majorité acclame les militaires pour cette victoire éclair. Enfin, justice est faite, les Malouines sont revenues dans le giron légitime de la mère patrie, l’envahisseur anglais est chassé !
Manifestation de liesse populaire
Le 3 avril, le Conseil de sécurité de l’ONU statue sur la nouvelle crise ouverte, et exige des parties en conflit d’ouvrir des discussions diplomatiques, après cessation des hostilités et retrait des forces argentines.
Le 8 avril, le ministre des Affaires étrangères étatsunien, Alexander Haig, se rend à Buenos Aires pour mettre en garde la junte contre le risque d’une guerre ouverte, et insiste sur la supériorité militaire des Britanniques dans ce cas. Galtieri n’en tient aucun compte. Au contraire. Au balcon du palais présidentiel, devant la foule en liesse, il proclame, solennel «S’ils veulent venir, qu’ils viennent, on leur livrera bataille».
De son côté, Thatcher n’a pas non plus la moindre intention de négocier. Ce conflit arrive à point nommé : l’occasion est trop bonne pour elle aussi de rassembler son peuple autour de la poursuite d’un projet conservateur qui commençait à s’essouffler.
Les Etats-Unis continuent de jouer les intermédiaires. Le 15 avril, Reagan et Galtieri se parlent au téléphone, et tombent plutôt d’accord pour considérer qu’un conflit entre pays de l’ouest servirait les intérêts de l’ennemi commun soviétique. Reagan promet la neutralité dans les négociations en cours. Une neutralité qui ne va pas durer longtemps. Face à la mauvaise volonté des Argentins, qui ne cèdent rien, les Nord-Américains se lassent, et finissent par leur couper les vivres : plus question de fournir de l’armement, notamment.
Pendant ce temps, les Anglais quant à eux ne restent pas inactifs. Face à la menace, Thatcher a réagi au quart de tour, lançant dès le début avril l’opération «Corporate». A savoir : envoi de deux porte-avions, un sous-marin et 30 000 soldats, et déclaration d’une zone d’exclusion de 320, puis 370 kilomètres autour des îles.
Le 2 mai, le sous-marin «Conqueror» torpille et coule le croiseur argentin «Général Belgrano». 323 marins argentins trouveront la mort. Ce grave incident a lieu qui plus est en dehors de la zone d’exclusion. La guerre est ouverte. Elle ne va pas durer longtemps.
En effet, et comme l’avait laissé entendre le Secrétaire d’Etat étatsunien Alexander Haig, les forces argentines ne font pas le poids. N’oublions pas qu’il s’agit d’une armée qui n’a jamais fait la guerre au cours du XXème siècle. Ses généraux, mêmes formés en partie par l’Armée nord-américaine, manquent d’expérience et de compétence. Les soldats quant à eux sont pour la plupart de jeunes recrues, mal entrainées et mal équipées, qui ont face à eux des troupes professionnelles dotées d’un armement ultramoderne et puissant.
Par ailleurs, l’Argentine n’a que peu d’alliés. Même pas – ou surtout pas, plutôt – le Chili de Pinochet : en 1978, les deux pays ont été au bord de la guerre ouverte au sujet des limites de la Patagonie. Et Pinochet ne ferait rien de toute façon qui pourrait contrarier le suzerain nord-américain.
Malgré tout, les troupes argentines résistent héroïquement à la contre-attaque britannique. Leurs aviateurs font des miracles, coulant même le destroyer « Sheffield ». Mais les Anglais parviennent à prendre pied, et remportent deux batailles décisives sur le terrain : le 21 mai en débarquant à San Carlos, et sept jours plus tard en s’emparant de l’isthme séparant les deux parties de l’île orientale (Isla Soldedad), appelé Isthme de Darwin (Bataille de Pradera del Ganso, Goose Green en anglais, du nom du village situé sur l’isthme).
Le 8 juin cependant, les Argentins parviennent à stopper un nouveau débarquement anglais, en bombardant et coulant deux navires depuis leurs avions, causant 51 morts et 200 blessés anglais. Malgré tout, les forces argentines sont dans l’incapacité, faute de moyens, de pousser cet avantage. Le 11 juin, les Anglais attaquent la capitale des Malouines, Puerto Argentino (Port Stanley) encore aux mains des Argentins.
Le 14 juin, le général Mario Menéndez, en dépit de l’ordre donné par Galtieri de continuer la lutte coûte que coûte, décide de jeter l’éponge : plus aucun espoir de renverser la situation. Les Argentins se rendent.
Fin de partie
Le conflit se sera donc soldé par la mort de 650 soldats Argentins, et 250 Anglais environ. Sans compter les dégâts psychologiques : environ 500 vétérans finiront par se suicider dans les années qui suivront ce conflit.
Pour la population argentine, c’est un choc. Personne n’envisageait la possibilité d’une défaite : la propagande, ainsi que l’unité autour du projet nationaliste des militaires, n’avaient pas peu contribué à endormir les esprits. La réaction est à la mesure de la déception : les généraux au pouvoir sont définitivement discrédités, et doivent rendre des comptes. Galtieri est naturellement remplacé, c’est un autre général qui occupe son fauteuil : Reynaldo Bignone. Celui-ci ne compte pas vraiment sur un soutien inconditionnel des Forces Armées (nombre de cadres quitteront la junte après sa nomination), et il n’est tout bien considéré qu’un président de transition. La junte a perdu tout soutien populaire, les Argentins en réclament le départ au plus vite.
Le 16 décembre, la coalition des partis démocratiques civils («multipartidaria») organise une grande manifestation. Réprimée celle-ci aussi, mais cette fois, les militaires ne parviennent pas à étouffer la contestation dans l’œuf de la terreur : ils ne font plus peur à personne. Bignone est contraint d’annoncer la tenue d’élections libres pour le 30 octobre 1983. La page de la dictature se tourne enfin.
Le rôle trouble de certains officiers durant cette guerre vient d’être révélé dans un article du 22 mars 2022 du quotidien “La Nación”. Il montre comment des militaires ont tenté de se faire verser d’énormes pots de vin lors d’achat d’armes, notamment à Israel, avec le Pérou, alors dirigé par le général Francisco Morales, comme intermédiaire.
Comme les journaux européens, les quotidiens argentins s’intéressent de près au conflit ukrainien, même si celui-ci reste, dans l’esprit du public, relativement lointain et, pour le moment, n’a pratiquement pas de répercussions visibles sur le quotidien des habitants du cône sud.
Néanmoins, dans le monde d’aujourd’hui, est-il vraiment possible d’imaginer qu’il n’ait aucun impact ?
Tout d’abord, et ceci n’est évidemment pas spécifique au continent sud-américain, des conséquences économiques. L’augmentation du prix, et l’effondrement de la production des matières premières produites par les deux belligérants, et dont ils sont des leaders mondiaux, comme le blé, l’huile de tournesol, le maïs, le gaz, va mécaniquement mettre en difficulté les pays sud-américains importateurs. Par ailleurs, la fermeture de l’espace aérien aux avions russes affectera la manne touristique de pays comme Cuba ou la République Dominicaine, où les touristes russes représentent une part importante des apports de devises. La dépendance des pays d’Amérique latine à un système essentiellement agro-exportateur est sa faiblesse : elle dépend des cours mondiaux, et si la crise sanitaire l’a considérablement affaiblie, ce nouveau conflit de portée mondiale ne lui donne guère de perspectives positives.
2. L’Amérique Latine sur l’échiquier mondial
Les républiques latino-américaines se sont forgées au XIXème siècle en fonction des besoins et des intérêts des puissances « mères » européennes. Le XXème siècle a représenté un certain changement de cette donne, avec le surgissement des Etats-Unis comme puissance dominante, transformant les voisins du sud en « arrière-cour » politique aussi bien qu’économique. Des Etats-Unis encore renforcés par la chute de l’URSS, leur permettant d’asseoir davantage leur domination, y compris sur l’Europe. Mais là aussi, la donne commence à changer, avec la montée en puissance d’autres partenaires potentiels comme la Russie, justement, et surtout la Chine.
La Russie notamment a recréé des liens forts avec les pays les plus éloignés de l’orbite étatsunien, comme le Venezuela, Cuba et le Nicaragua. Mais également avec des pays pourtant réputés plus proches des Etats-Unis comme l’Argentine et le Brésil.
Il n’y a pas d’unité de posture parmi les différents pays sud-américains. Ainsi, quand « l’axe bolivarien » (Les pays les plus non-alignés, alliés du Venezuela, NDLA) a plutôt soutenu les Russes, les droites latino-américaines ont brandi le drapeau ukrainien, déguisant leur subordination aux puissances occidentales sous le masque d’un récit pacifiste hypocrite, quand on connait leur absence totale de réaction face aux 50 interventions nord-américaines dans le sud par le passé. Quant aux autres, leur réaction oscille entre franc rejet de l’invasion russe et critique molle.
Citant l’ancien journaliste du Monde Diplomatique Ignacio Ramonet, Gerardo Szalkowicz souligne que cette guerre « change la réalité planétaire et marque l’entrée du monde dans une nouvelle ère géopolitique ». Elle survient au moment où l’Amérique latine se trouve en pleine redéfinition de ses projets progressistes, conduits par des leaders plus modérés qu’auparavant. Elle vient à point nommé pour accélérer un processus d’articulation commerciale plus structuré.
Pour conclure, Gerardo Szalkowicz mise sur l’arrivée au pouvoir de personnalités progressistes comme Gabriel Boric au Chili (il vient d’être investi comme président de la république), Gustavo Petro (leader de la gauche colombienne) et Ignacio Lula Da Silva, l’ancien président brésilien, tous deux favoris pour les prochaines élections, pour cimenter l’unité sud-américaine et lui redonner la cohésion nécessaire aux défis à venir.
Ce lundi, la presse argentine semble délaisser ce qui faisait les principaux titres ces derniers jours, à savoir l’accord signé entre l’état et le F.M.I. Celui-ci devrait permettre à l’Argentine, en grande difficulté financière, d’étaler sa dette colossale et de pouvoir un peu renflouer ses caisses. L’accord a été approuvé par la majorité du parlement, tout en provoquant des frottements internes dans les différents partis. En effet, à droite, la philosophie est d’ordinaire plutôt favorable au F.M.I., mais étant actuellement dans l’opposition, certains se voyaient mal approuver un accord négocié par un gouvernement qu’ils abhorrent. Côté péroniste au contraire, cet accord avec le gendarme financier du monde libéral fait grincer quelques dents. Au final, on a donc assisté à un vote trans-courant.
L’accord signé, la presse peut donc s’éloigner un peu des thèmes de politique intérieure. Ce qui fait la une aujourd’hui, c’est donc naturellement la guerre en Ukraine. Le quotidien Clarín en fait l’essentiel de sa une de ce lundi, en développant trois grands axes : les bombardements sur la base de Yavoriv, les réfugiés (ici, en se concentrant sur ceux accueillis par l’Espagne), et une série de tribunes sur la psychologie du président russe, de la fabrication d’un dictateur au désir de Poutine d’effacer les erreurs commises par Lénine et Staline, en passant par la jalousie de Wladimir le petit.
Dans l’ensemble, le ton de la presse argentine est largement défavorable au leader russe, y compris dans les journaux de gauche, même si Gerardo Szalkowics, dans Pagina/12, renvoie dos à dos Russes et occidentaux en ce qui concerne la responsabilité du conflit, les uns menant une invasion «brutale et inhumaine», les autres et notamment l’OTAN, ne respectant aucun des accords diplomatiques pris avec la Russie concernant le thème de la sécurité des frontières et la neutralisation des zones proches de la Russie. (Voir notre résumé de cet article ici).
La Nación, autre quotidien plutôt situé à droite, relève le changement de position du gouvernement péroniste vis-à-vis du président Russe, jusqu’à il y a peu considéré comme un partenaire fiable. Ce changement, selon La Nación, aurait provoqué de fortes dissensions au sein du gouvernement, et entrainé la démission de certains membres du ministère des Affaires étrangères. Le quotidien indique que «L’invasion et ses conséquences atroces sur les populations civiles ont éteint les voix qui à l’intérieur du gouvernement défendaient les liens politiques et commerciaux avec le président russe, auquel le président argentin Alberto Fernández avait offert l’Argentine comme portail d’entrée sur le continent il y seulement un peu plus d’un mois. Mais les tensions persistent et ceux qui défendaient cette position ont été réduits au silence ou discrètement écartés, en même temps que les liens avec les Etats-Unis (…) ont été renforcés concomitamment avec la signature de l’accord avec le F.M.I.»
On notera néanmoins la différence de couverture du conflit par ces deux principaux quotidiens argentins, La Nación restant davantage centré sur les thématiques nationales. C’est le cas également du journal de gauche Pagina/12, qui ne propose qu’un article en une sur l’Ukraine, de nature factuelle. Ce qui est le cas également du Diario Popular, qui s’attarde cependant sur la mort d’un journaliste abattu au nord de Kiev et les menaces de Biden affirmant que l’OTAN répliquerait en cas de franchissement de frontière des Russes vers un pays de l’Alliance.
Ce qui préoccupe également les quotidiens argentins en ce lundi, outre le conflit, c’est surtout l’augmentation du carburant, qui devrait prendre environ 10% dans les jours à venir et la suspension des exportations d’huile de soja et de farine (Avec en préparation une augmentation des taxes prélevées aux différents secteurs sur les exportations).
Pour l’anecdote, notons que Clarín parle de notre PSG en une aujourd’hui. Pour souligner qu’après la (nouvelle) honteuse défaite face à un rival espagnol, les supporters s’en prennent, entre autres, à l’icône argentine Leo Messi et au non moins argentin entraineur Mauricio Pochettino. Le seul épargné aura été le Français Kylian M’Bappé, qui, fait malicieusement remarquer le quotidien, serait annoncé l’an prochain… au Real Madrid.
L’antériorité de la découverte des îles est âprement disputée. Selon les sources, elles auraient été vues pour la première fois par l’explorateur Amerigo Vespucci (celui-là même à l’origine du nom du continent : l’Amérique) entre 1501 et 1504, ou par le Portugais Magellan en 1520, ou le jésuite espagnol Francisco de Ribera en 1540. Aucune trace tangible que l’un d’entre eux ait réellement posé le pied sur les îles. Les Anglais en tiennent soit pour le corsaire Richard Hawkins en 1574, soit pour John Davis en 1592. Mais ce ne sont pas les seuls «candidats» à la primauté.
Chacun d’ailleurs les a baptisées de manière à «marquer» le territoire de son empreinte : «Iles méridionales de Davis», «Iles Sebald» (du nom d’un navigateur Hollandais), «Hawkins maiden land», par l’Anglais Richard Hawkins.
Ce qui est attesté en revanche, c’est qu’en 1764, ce sont des marins bretons venus de Saint Malo qui les baptisent « Iles Malouines », nom qui restera, du moins dans les langues latines. Le nom gardé par les Britanniques, « Falkland islands », est semble-t-il plus ancien encore, donné par le navigateur écossais John Strong en 1690 en l’honneur du Comte de Falkland.
Ce petit archipel ne va pas cesser de changer de propriétaires au cours du temps. En 1764 donc, les Français, conduits par Louis de Bougainville, installent une sorte de comptoir, Port-Louis (le village existe encore sous ce nom, au nord de l’île orientale, Isla Soledad en espagnol). Les Espagnols râlent aussitôt : ils considèrent les îles comme partie des territoires sud-américains qu’ils ont déjà conquis. Notre bon roi Louis XV, qui a déjà perdu la guerre de Sept ans et corollairement la plupart de nos colonies américaines, Canada compris, baisse pavillon et admet l’illégalité du comptoir français. Les îles restent espagnoles, après remise néanmoins d’une jolie somme aux Français en dédommagement de leurs dépenses d’installation à Port Louis.
Les tontons flingueurs Anglais ne tardent pas à rappliquer, comme toujours quand ils sentent qu’il y a moyen de rafler des marrons déjà tirés du feu. C’est que les îles constituent une sorte de porte d’entrée du Pacifique, sans être obligé de passer par le continent «espagnol». En 1765, ils fondent Port Egmont, aujourd’hui Saunders. Commence alors une dispute anglo-espagnole. Chacun revendique l’antériorité de la découverte des îles. Pas facile de trancher, entre ceux qui ont vu en premier, ceux qui ont accosté en premier, ceux qui se sont installés en premier, etc…
En 1770, les Espagnols parviennent à déloger les Anglais de Port Egmont. S’ensuit une querelle diplomatique assez acharnée : on est au bord de la guerre. Un accord est alors signé, permettant aux Anglais de pouvoir se retirer sans perdre la face : c’est l’accord de San Lorenzo (accord de Nook, en Anglais), signé en 1790. Dans un premier temps, les Espagnols permettent leur réinstallation à Port Egmont, puis la couronne d’Angleterre décrète qu’elle abandonne la souveraineté des îles aux Espagnols. En Angleterre, ça râle sec : on a l’impression de s’être fait avoir, et que le bon George III a baissé le pantalon.
Néanmoins, par cet accord, les Espagnols conservent l’autorité sur les îles, rattachées au Vice-Royaume de La Plata, la future Argentine. La population est alors essentiellement composée de militaires et de prisonniers, car les Espagnols y ont implanté un pénitencier en 1780. L’intérêt économique des îles n’est pas très évident !
1816 : l’Argentine est enfin totalement indépendante, les Malouines passent sous l’autorité du nouvel état, encore appelé «Provinces unies du Río de La Plata».
1823 : installation du gouverneur argentin Pablo Areguatí. La souveraineté de l’Argentine sur les îles, qui pour l’essentiel redeviennent un centre pénitentiaire, est officiellement proclamée, et avalisée par les autres nations. Dont, faut-il le remarquer, l’Angleterre, qui ne moufte pas à ce moment-là.
1825 : concession des droits de pêche, de chasse et d’élevage à la société fondée par l’Allemand d’origine française Louis Vernet, qui reconstruit l’ancien comptoir de Port-Louis. C’est le vrai départ économique de l’archipel, qui commence à se peupler autrement que de bagnards.
1829 : Les Anglais relèvent les sourcils. On pourrait donc tirer quelque bénéfice de ces cailloux atlantiques ? Commence alors ce qu’on n’appelle pas encore un «lobbying» de quelques entrepreneurs anglais auprès de la Couronne. Après tout, quand l’Angleterre s’est retirée en 1774, légalement, est-ce qu’elle a vraiment abandonné tous ses droits ? (Réponse : oui, mais poser la question, c’est toujours jeter un doute utile)
1830 : en vertu de l’interdiction de pêche décrétée par le gouvernement argentin, trois navires étasuniens sont arraisonnés et conduits à Buenos Aires. Les nord-américains protestent : personne au monde ne peut leur interdire de pêcher où bon leur semble, décret ou pas décret. Ils menacent : ou les Argentins libèrent leurs navires, ou ils débarquent sur les Iles Malouines.
Les Anglais sautent sur l’occasion, et appuient la demande nord-américaine, insistant sur «l’illégalité» de l’occupation de l’archipel par les Argentins, et leur propre souveraineté restée intacte depuis 1774. (Oui, ils s’assoient encore une fois sur l’accord de San Lorenzo, et alors ?)
1831 : Fort de ce soutien, les États-Unis envoient un navire à Puerto Soledad, et prennent possession du port. Parallèlement, ils négocient avec les Anglais le futur statut de l’archipel : la pleine souveraineté laissée aux Britanniques en échange d’un droit illimité de pêche. Après l’intrusion nord-américaine, les îles ont sombré dans un état d’anarchie, il n’y a plus d’autorité constituée.
1832 : pour rétablir l’ordre, l’Argentine envoie un nouveau gouverneur, Esteban Mestivier. Mais sa tentative de reprise en main arrive trop tard. Il est assassiné par un groupe factieux, le désordre est à son comble, et les îles ne sont plus suffisamment défendues par les autorités argentines. Les Anglais vont en profiter.
1833 : Les Anglais débarquent à Port Egmont. Le port est en ruines, mais ils décident de le remettre en état. La faible défense argentine, conduite par José María Pinedo, ne peut endiguer l’invasion britannique. Le 3 janvier, Pinedo quitte les îles, sur lesquelles flottent désormais les couleurs anglaises. Ceux-ci emploient alors une méthode efficace pour s’assurer un contrôle a priori définitif : peupler les îles de colons britanniques, qu’on appelle aujourd’hui les «Kelpers». Plus d’argentins, plus de problème. Jusqu’en 1982, donc, comme on pourra le lire dans l’article principal.
Les Iles Malouines, version anglaise.
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Point sur la situation actuelle
En réalité, le différent à propos des Malouines englobe aussi les îles Sandwich et La Georgie du sud, également sous tutelle britannique (Voir carte ci-dessous).
L’ONU a promulgué deux résolutions importantes qui font référence pour ce conflit, mais également et plus globalement pour différents cas similaires.
1. La résolution 1514, datée du 14 décembre 1960.
L’Argentine s’appuie sur ses articles 1 (s’opposant à l’exploitation d’un peuple par une puissance étrangère) et 6 (sur l’intégrité territoriale inaliénable) pour affirmer le caractère colonialiste de «l’occupation» britannique. En réalité, cette résolution affirme surtout le droit des peuples à disposer d’eux-mêmes. Or, les habitants des Falklands sont pratiquement tous d’origine britannique. En 2013, lors d’un référendum, ils ont affirmé à une majorité écrasante préférer rester sous tutelle britannique. Mais l’Argentine conteste ce point, non sans arguments : la population des îles n’est pas une population native, mais une population entièrement importée, et par là même, peut et doit être considérée comme une population coloniale, et non une population native colonisée. Par ailleurs, le paragraphe 6 de la résolution s’applique parfaitement aux îles : celles-ci ont été illégalement détachées de l’ensemble territorial argentin (Elles font partie intégrante de la plateforme continentale sud-américaine). Les Britanniques de leur côté répliquent que l’origine des habitants ne saurait être un argument valable pour contester leur droit à l’autodétermination, en s’appuyant sur l’article 5, qui stipule que «des mesures immédiates seront prises (…)pour transférer tous pouvoirs aux peuples de ces territoires, sans aucune condition ni réserve, conformément à leur volonté et à leurs vœux librement exprimés, sans aucune distinction de race, de croyance ou de couleur, afin de leur permettre de jouir d’une indépendance et d’une liberté complètes».
Cette résolution plus spécifiquement consacrée au différent anglo-argentin enjoint les deux parties à engager une négociation sans délai pour trouver une solution au conflit, pacifique, respectant les termes de la résolution 1514, et préservant l’intérêt de la population des îles. En préambule, elle rappelle clairement le caractère colonial de l’occupation des îles.
D’autres résolutions ont également été votées pour insister sur la nécessité pour les parties de ne prendre aucune initiative unilatérale qui pourrait compromettre le processus de discussion pacifique. Or, selon les Argentins, la Grande-Bretagne ne respecte pas ces résolutions. Elle refuse systématiquement de s’asseoir à la table des négociations, et, justement, ne se prive pas de mener des activités unilatérales, en militarisant la zone et en exploitant les ressources des îles. Ce que les Anglais contestent : les forces militaires installées depuis 1982 n’ont selon eux que des visées défensives, et l’exploitation des ressources est faite dans l’intérêt de la population locale.
En réalité, comme le prouvent les interventions répétées des diplomates britanniques, pour la Grande-Bretagne, il n’y a rien à négocier. En la matière, l’ONU reste impuissante à faire appliquer correctement ses résolutions. Par ailleurs, l’intervention militaire de 1982 a fortement fragilisé la position argentine, tout en renforçant la tutelle britannique. La résolution du conflit est encore très éloignée !
Situation géographique des Iles Malouines (Falklands), Georgie et Sandwich.
Grosse polémique en ce moment à Buenos Aires. Pour satisfaire aux exigences du FMI, qui comme à son habitude, réclame en échange de ses bons offices (c’est-à-dire : un gros prêt) que l’Etat argentin serre les cordons de sa bourse pourtant déjà bien plate, celui-ci envisage de refiler la gestion de 32 lignes de bus de Buenos Aires à l’administration municipale de la ville. Un coup classique qu’on connait bien chez nous : l’état sommé de faire des économies se décharge de certaines dépenses sur des entités régionales. En l’occurrence, les bus portègnes sont un gouffre à subventions : la plupart des compagnies, toutes privées, ne tiennent que grâce aux subsides de l’état, qui verse annuellement 13 milliards de pesos, soit à peu près 107 millions d’euros. Milliards qui pourraient être consacrés, selon le gouvernement, au transport public dans les régions, qui ne bénéficient pas jusque là de la même manne, et où l’usager doit payer son ticket plus cher.
Occasion de revenir sur un système de transport aux traits assez particuliers. Les bus portègnes… Ah, oui, là, je rappelle pour la dernière fois : portègne, c’est l’adjectif qui se rapporte à tout ce qui vient de Buenos Aires. On dit aussi « bonaerense », littéralement buenosairien, mais c’est moins utilisé. Les bus portègnes, donc, existent depuis 1928, année au cours de laquelle une association de taxis décide de créer un système de transport collectif, pour faire concurrence au tram. Là-bas, on les appelle «colectivos», nom utilisé dans tout le pays pour désigner les bus de ville (Pour la route, on dit «micros». Autrement dit, bus en ville, autocar sur la route). Dans la capitale, on dit aussi «Bondi». C’est de l’argot local, le lunfardo.
1928
Ce nouveau système de «colectivos» se met doucement en place. La concurrence est rude, d’autant qu’au début des années trente, ce sont les anglais qui maitrisent le transport portègne, et que le gouvernement de l’époque (des militaires conservateurs) ne sait rien leur refuser. Il ira même, en 1932, jusqu’à restreindre par décret la circulation des nouveaux colectivos pour éviter de leur faire trop d’ombre !
Mais le public est conquis. Ce nouveau type de transport, plus souple, plus rapide, et bon marché, trouve sa clientèle. Petit à petit, le système se réglemente : couleurs distinctes pour les véhicules, définition de lignes et de trajet (1932), installation obligatoire d’un système de vente de tickets – taximètre – à bord, pour contrôler la capacité maximale de passagers (1934), puis création en 1936 d’une Corporation des transports de la ville de Buenos Aires, pour fédérer l’ensemble. Une sorte de monopole, quoi. Mais là encore, il s’agissait de faire plaisir aux Anglais, avec lesquels on venait de signer un accord d’échange commercial préférentiel : exportation de viande contre priorité pour les investissements industriels et exemption de droits de douane pour les produits importés de Grande Bretagne. Pour faire court : le transport par colectivos était rattaché au système de transport ferroviaire, alors totalement entre les mains des Anglais.
La seconde guerre mondiale met un coup d’arrêt au développement du système. D’une part, par faute de pièces détachées (La plupart étaient produites aux États-Unis), d’autre part, à cause d’un conflit ouvert entre la Corporation et les quelques compagnies restées indépendantes, qui se voyaient régulièrement interdites de circulation (La Corporation ayant le pouvoir de les exproprier).
En 1948, la Corporation, mal gérée, est mise en faillite et dissoute. L’État péroniste crée alors une nouvelle compagnie publique : «Transports de Buenos Aires», qui développe des lignes au-delà de la première ceinture de la capitale. Les banlieues sont enfin desservies. Le système reste public jusqu’à la chute du péronisme, en 1955. Ensuite, le nouveau pouvoir (toujours militaire, eh oui !), se lance dans la privatisation : il vend une vingtaine de lignes. Parallèlement, il supprime peu à peu toutes les lignes de tram et de trolley : à la fin des années soixante, il n’y a plus que des bus pour transporter les usagers en ville. Plus, naturellement, les cinq lignes de métro (la 5ème créée en 1966). Mais en ce qui concerne le métro, s’agissant d’une capitale aussi énorme (y vit le tiers de la population argentine, rappelons-le), il est notoirement sous-dimensionné, et ne s’étend pas au-delà des limites de la ville elle-même (Celle-ci compte plus de trois millions d’habitants, 17 millions pour la totalité de l’agglomération. A comparer avec Paris et ses 14 lignes de métro, pour 2 millions d’habitants, 12 en agglo).
1969
Aujourd’hui, la quasi-totalité des compagnies de colectivos est de statut privé, mais l’état garde la main sur l’organisation générale du système. Heureusement : on imagine le chaos si tout le monde pouvait faire selon sa volonté. C’est qu’il y a pas loin d’une centaine de compagnies, pour près de 350 lignes en exploitation ! Mais ces compagnies, pour la plupart, ne survivent que grâce aux subsides de l’état, qui subventionne largement le prix du gazole, d’une part, et celui du billet d’autre part. Et ce depuis la grande crise de 2001, qui avait vu s’effondrer la demande pendant que montait en flèche le prix du carburant. Mais malgré ces subventions, la flotte de bus commence à sentir de plus en plus le vieux. Tous fabriqués selon un modèle unique, ils circulent jusqu’à rendre l’âme. S’il est extrêmement rare de nos jours, de monter dans un bus neuf à Buenos Aires, en revanche il est fréquent d’avoir la sensation, à bord d’un des brinquebalants engins, de voyager dans le temps !
Le gouvernement cherche donc, aujourd’hui, à refiler le bébé à la municipalité de Buenos Aires. Celle-ci, en échange de ce transfert de charges, pourra gérer le système de lignes, décider du prix du billet, du montant des subventions. Mais bon, ça coince, naturellement : le cadeau est totalement empoisonné, s’agissant d’un service qui coûtera toujours plus cher qu’il ne rapporte !
Station Avenue 9 de Julio — Buenos Aires
Selon le journal Infobae, le gouvernement se défend de se soumettre au diktat du FMI. Il ne chercherait qu’à rétablir l’équilibre avec les systèmes de transport de province, qui, eux, ne bénéficiant pas des mêmes subventions, font payer le ticket bien plus cher à leurs usagers. En moyenne, 60–70 pesos par trajet contre 18 à Buenos Aires. Récupérer la manne distribuée jusque là aux compagnies portègnes permettrait ainsi d’en reverser une partie aux villes de l’intérieur, comme Rosario, Córdoba ou Bariloche, et d’en finir avec les disparités capitale-province. Ce que ne conteste pas la municipalité de B.A., mais celle-ci craint de devoir, du coup, augmenter substantiellement le prix du billet, qui pourrait passer de 18 à 40 pesos. Affaire à suivre : à savoir si après le transfert de charges, les provinciaux paieront effectivement un peu moins, ou si au final, ce sont seulement les usagers portègnes qui paieront leur bus plus cher !
Une fois installée au pouvoir, l’objectif de la dictature militaire est double. D’une part, réduire les syndicats au silence, d’autre part, ouvrir le marché argentin aux capitaux étrangers. En clair, pratiquer une politique la plus libérale possible.
Les militaires considèrent les syndicats en particulier, mais le monde ouvrier en général, comme un nid de marxistes et, partant, un groupe dangereux pour une société qu’ils veulent conserver traditionnelle, catholique et gardienne vigilante des hiérarchies sociales établies.
D’un autre côté, ils sont tiraillés entre une doctrine autoritaire et nationaliste, qui les pousserait naturellement vers le protectionnisme et la prééminence de l’Etat dans les affaires économiques, et leur proximité anticommuniste avec le monde occidental, et plus spécifiquement nord-américain, et donc très libéral, qui au contraire appellerait plutôt à l’ouverture du marché argentin.
Quelle doctrine choisir ? Les deux, mon général. Ouvrir l’économie nationale aux capitaux étrangers pour favoriser la concurrence et ainsi, pensent-ils, stimuler l’industrie et le commerce nationaux. Tout en maintenant une forte pression étatique sur le fonctionnement du système.
Le premier ministre de l’économie de la dictature sera José Alfredo Martínez de Hoz. Un libéral bon teint, naturellement, très lié aux milieux financiers internationaux, et qui a déjà exercé le poste, pendant le mandat de José María Guido en 1962–63.
Sa théorie est simple : on laisse tomber l’industrie locale, peu performante et incapable de lutter contre la concurrence étrangère, et on se concentre sur ce que le pays peut exporter : les produits agricoles (surtout élevage et céréales) et miniers. En somme, avaliser la division du travail prônée par le libéralisme.
Son plan, globalement, suit la recette déjà mise en œuvre au Chili par la fameuse «Ecole de Chicago» (Voir aussi ici), à savoir, un plan ultralibéral : ouverture des marchés, libéralisation des taux de change, baisse des impôts sur les exportations agricoles, réduction des taxes sur les produits importés, gel des salaires, interdiction de la grève, promotion de la concurrence étrangère.
A l’attaque
Ce dernier point ne va pas tarder à produire ses effets quasi mécaniques : l’industrie locale s’effondre, entrainant fermetures d’usines et chômage. Autre effet mécanique : la concentration des richesses, que ce soit dans l’industrie, où la faillite des uns fait le bénéfice des autres, ou dans l’agriculture, les grands propriétaires terriens profitant à plein des baisses de taxes.
Un autre effet, plus local celui-là, et certainement peu anticipé, a été le rebond spectaculaire de l’inflation. Celle-ci atteindra en 1979 le chiffre stratosphérique de 227% ! Une tendance qui mettra des années à s’inverser : en 1989 (l’Argentine était alors revenue en démocratie), l’inflation atteignait un pourcentage annuel de plus de 3000% ! Et non, il n’y a pas d’erreur de zéros. (Source Université Di Tella, Buenos Aires).
Face au problème monétaire, Martínez de Hoz mettra en place ce qu’on a appelé alors «la tablita» financière. Un système destiné à favoriser l’entrée de capitaux en dollar, celui-ci voyant sa valeur baissée artificiellement par les mesures gouvernementales. Et qui eut en réalité un effet aussi pervers que catastrophique : les capitaux ne servirent plus qu’à une pure et simple spéculation financière de va-et-vient monétaire, une «bicyclette financière» où l’argent servait… à fabriquer de l’argent. C’est la période dite de «La plata dulce». J’achète du dollar pas cher, je le transforme en pesos, puis je rachète du dollar encore moins cher. Et ainsi de suite. Comme le montre non sans humour noir le film de Fernado Ayala, intitulé justement «Plata dulce», les entreprises n’avaient plus besoin de produire pour gagner de l’argent : il suffisait de spéculer sur les monnaies (Voir extrait de texte H).
A l’arrêt
Dans le même temps, le déficit commercial n’étant plus sous contrôle, et les capitaux n’étant plus investis dans la production, la dette explose. Elle sera multipliée par six en sept ans de dictature ! Dans cette économie «dollarisée», l’industrie argentine, minée par la concurrence extérieure, n’est plus qu’un tas de cendres, à part pour une poignée d’entreprises proches du pouvoir, qui tireront un juteux bénéfice du malheur de leurs concurrents, en les rachetant et en concentrant les affaires.
A partir de 1981, la crise est à son comble. Banques en faillite, fuite des capitaux, baisse du PIB, déficit commercial abyssal, escalade de la dette publique. Il faut admettre l’échec sanglant du plan Martínez de Hoz. Il est donc remplacé. Tout comme le président en exercice, Jorge Videla. A leur place, la junte installe le général Roberto Viola à la tête de l’état, et Lorenzo Sigaut, un ancien dirigeant de FIAT, à l’économie. Avec un slogan resté célèbre : «Celui qui parie sur le dollar perd à tous les coups». Sitôt en place, le nouveau ministre supprime la tablita, et dévalue fortement le peso, histoire de faire remonter le dollar et de favoriser ainsi les exportations.
Nouvel échec : Sigaut ne parvient qu’à faire augmenter la dette (+31%) et à accélérer la chute du PIB, approfondissant la crise. Nouveau changement à la tête de l’état en conséquence, avec l’arrivée du général Leopoldo Galtieri aux manettes, et Roberto Alemann à l’économie. Viola et Sigaut n’auront tenu que huit mois, de fin mars à novembre 1981.
Politique des nouveaux dirigeants pour combattre la crise ? Rien de neuf, on reste dans le libéral pur sucre : compression des dépenses publiques, gel des salaires, privatisations de tout ce qui pouvait se privatiser. Avec comme résultats notables un chômage galopant et une flopée de fermetures d’usines. L’Argentine continue ainsi de s’enfoncer dans une de ses plus graves crises depuis celle, mondiale celle-là, de 1929. Arrivé à ce point-là, le bilan est déjà bien lourd : l’inflation à trois chiffres est devenue la norme, l’indice de pauvreté est passé de 6% en 1974 à près de 40% en 1982, l’injuste sociale est à son comble, les 10% les plus riches ayant vu leurs revenus augmenter de plus de 30%, pendant que les 30 % les plus pauvres perdaient, eux, le même pourcentage.
Acculé, de plus en plus impopulaire, le gouvernement militaire va alors tenter une manœuvre désespérée pour tenter de restaurer son image, en fédérant l’ensemble de la population autour d’un projet nationaliste : récupérer les Iles Malouines, sur lesquelles les Britanniques ont fait main basse en 1833. Ce sera leur chant du cygne.