País pobre — Pobre país

Escrito el 7 de enero de 2020

Frente al aerop­uer­to Jorge New­bery – Diciem­bre de 2007 – Foto PV

          Quizás otros no opinarán lo mis­mo, pero a nosotros siem­pre nos sor­prendió la extrema difer­en­cia entre las dos Améri­c­as, la del norte y la del sur, en cuan­to a sus des­ti­nos políti­cos y económi­cos. Esas dos partes del con­ti­nente pare­cen dos caras total­mente opues­tas de una mis­ma mon­e­da: inmen­sos ter­ri­to­rios col­o­niza­dos por los europeos. En la línea de par­ti­da, las mis­mas riquezas, los mis­mos recur­sos, las mis­mas opor­tu­nidades de desar­rol­lo. Al final, un norte rico, desar­rol­la­do y dom­i­nante, y una parte sur que se quedó atrás, más bien sub­de­sar­rol­la­da, y en larga medi­da, acep­tan­do la tutela del veci­no norteño.

          ¿Aca­so no se podría explicar por la difer­en­cia exis­tente entre los mod­os de con­struc­ción de ambos ter­ri­to­rios? Son los inmi­gra­dos quienes con­struyeron en bue­na parte los Esta­dos-Unidos, a medi­da de su pro­gre­sión hacia el oeste. La Coro­na ingle­sa por su parte se quedó en los ter­ri­to­rios del este, y tan­to su ejérci­to como su Igle­sia desem­peñaron un papel secun­dario en la con­quista del oeste. Eso puede explicar tam­bién porque los Esta­dos-Unidos obtu­vieron su inde­pen­den­cia con bas­tante antic­i­pación, en com­para­ción con los veci­nos del sur: los inmi­gra­dos rep­re­senta­ban una enti­dad fuerte y legí­ti­ma frente a la de la Coro­na.
Al con­trario en el sur, España y Por­tu­gal insta­laron una autori­dad real muy fuerte así como muy apremi­ante. Las tier­ras con­quis­tadas eran con­sid­er­adas como propiedad exclu­si­va de la Coro­na, y esa las dis­tribuía en pri­or­i­dad a las “grandes famil­ias”, quienes se apoder­aron de la may­oría de las tier­ras agrí­co­las del sub­con­ti­nente. De allí en más, esas grandes famil­ias con­sti­tuyeron una suerte de clase nacional inmutable, iden­ti­ficán­dose a la nación mis­ma. “Somos Argenti­na” o “Somos Chile” sue­len decir a menudo los ter­rate­nientes del cono sur. Esas famil­ias aca­pararon tam­bién los puestos impor­tantes tan­to en el Ejérci­to como en la jer­ar­quía católi­ca, así que se apoder­aron de la casi total­i­dad de los medios de poder y, sal­vo durante unos pocos – y cor­tos – peri­o­dos, coparon la esce­na políti­ca has­ta hoy. Y la copan todavía, aún cuan­do fuerzas opos­i­toras lograron abrirse un pequeño espa­cio.

          Resul­ta que esos país­es se ven más bien dirigi­dos por una oli­gar­quía que des­cansa en los viejos esque­mas de una economía agroex­por­ta­do­ra. Generan­do una brecha enorme entre las clases más ric­as y las clases más pobres, sin dejar posi­bil­i­dad a la exis­ten­cia de pasare­las entre las dos cat­e­gorías, sien­do las sociedades suramer­i­canas muy “repro­duc­toras”. Con para­le­la­mente un inmovil­is­mo económi­co tremen­do: la indus­tria está casi toda en manos extran­jeras, y los ser­vi­cios públi­cos están casi todos… bajo con­trol de cap­i­tales pri­va­dos.
          Tal sociedad desigual no puede sino gener­ar una guer­ra fer­oz entre las dis­tin­tas clases sociales. Lo que expli­ca la frag­ili­dad del sis­tema democráti­co: cada cam­bio de gob­ier­no se vive como una revan­cha, el tiem­po de “hac­er­les pagar” a los ven­ci­dos su políti­ca pasa­da. Eso se puede obser­var en la actu­al­i­dad por ejem­p­lo en Brasil con la elec­ción de Bol­sonaro después de Lula, o el golpe “blan­do” con­tra Evo Morales en Bolivia (por lo menos has­ta la elec­ción de Luis Arce). Dos ejem­p­los en medio de var­ios. Pasa lo mis­mo con los medios de comu­ni­cación y la pren­sa. Acá en Argenti­na, esos medios son más bien mil­i­tantes, y no se molestan en aparentar una obje­tivi­dad que no tienen, como lo hacen nue­stros pro­pios medios en Fran­cia. Clarín es rotun­da­mente antiper­o­nista, La Nación un diario deci­di­da­mente con­ser­vador, y Pagina/12 apoya sin reser­va a los gob­ier­nos per­o­nistas . Pasa igual con la tele: uno nota en segui­da a que cam­po pertenece la o él quien está hablan­do. En tal con­tex­to, ¿Cómo podría pro­gre­sar el país?

          Argenti­na lo tiene todo para vol­verse un país desar­rol­la­do y rico: un ter­ri­to­rio inmen­so, todos los tipos de cli­ma, recur­sos agropecuar­ios sin límite (aunque este rubro bas­tante daña­do por el monocul­ti­vo), riquezas en el sub­sue­lo, una población que todavía puede cre­cer (tan sólo 45 mil­lones de habi­tantes, o sea un mil­lón menos que España, pero con un ter­ri­to­rio casi seis veces más grande), un poten­cial turís­ti­co todavía por desar­rol­lar, un pasa­do cos­mopoli­ta riquísi­mo, etc… Ese país tenía que vol­verse tan desar­rol­la­do y rico como Esta­dos-Unidos, y al con­trario, se quedó un país pobre, delicues­cente, gob­er­na­do por políti­cos cor­rup­tos e incom­pe­tentes, a suel­do de poten­cias extran­jeras (sobre todo esta­dounidens­es) o, cuan­do gob­ier­nan des­de la izquier­da, con tenta­ciones autocráti­cas.
          Un país des­perdi­ci­a­do.

Con­traste. En el fon­do, el puer­to indus­tri­al. En primer plano, la autopista Umber­to Illia. Entre los dos, más allá del fer­ro­car­ril, la « vil­la 31 », la más grande de Buenos Aires – foto PV
Chalet – Tigre – Delta del Paraná – Foto PV
Casas de adobe, noroeste argenti­no – Foto PV

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